Un hombre llamado Shooter

Bienvenidos a esta nueva sección que nace con un propósito sencillo y complicado a la vez: contar historias interesantes relacionadas con el mundo de los comic books. Será este un baúl peculiar en el que tendrán cabida toda clase de temas, alternando aquellos más divertidos o curiosos con otros que puedan invitar a la reflexión. Habrá espacio tanto para la nostalgia como para el análisis crítico. Y si tenemos algún asunto de actualidad susceptible de ser comentado aquí, también nos aproximaremos a él.

Y para empezar con un “bang”, nada mejor que hacerlo con James Shooter. Este creador con nombre y aspecto de pistolero del Far West destacó como Editor en Jefe de Marvel entre los años 1978 y 1987, aunque su trayectoria no estuvo exenta de controversia. Después seguirían aventuras editoriales en Valiant, Defiant y Broadway, con mayor o menor fortuna según los casos. Y últimamente se le ha podido ver en el sello Dark Horse, encabezando el revival de los héroes de Gold Key que ya había utilizado durante su etapa en Valiant.

Sin embargo, más que hacer un repaso pormenorizado de la biografía de Shooter, hoy queremos detenernos en un aspecto muy concreto de la misma.

Cuenta la leyenda que el joven Jim sólo tenía 13 años cuando tomó la decisión de enviar una historia de prueba de la Legión de Super-Héroes a las oficinas de National Periodical Publications, el nombre por el que se conocía entonces a DC. Escogió específicamente a la Legión porque, a su juicio, era la peor serie de cuantas publicaba la editorial, y dedujo que tendría más posibilidades de que aceptaran sus propuestas. Shooter no sabía cómo escribir un guión profesional, así que lo que hizo fue aprovechar sus vacaciones veraniegas para preparar una historia completa escrita y (toscamente) dibujada por él. Pasaron unos meses de incertidumbre hasta que al fin el joven originario de Pittsburgh pudo leer la anhelada carta de respuesta, en la que, básicamente, se le animaba a enviar otra historia más. Ni corto ni perezoso, Jim escribió dos nuevas historias que depositó en el buzón. Y esperó pacientemente. Transcurridos unos meses, ya en Febrero de 1966, recibió la llamada telefónica de Mort Weisinger, Vicepresidente de National y editor de la familia de títulos relacionados con Superman, entre ellos Adventure Comics, donde se serializaban los relatos de la Legión. Weisinger se sorprendió de que Jim fuera tan joven, pero aun así accedió a comprar los tres guiones y consiguió el permiso de sus padres para futuras colaboraciones. Hay que decir que el dinero no pudo llegar en mejor momento para la familia Shooter, que atravesaba por serias dificultades económicas.

A partir de aquí, el joven prodigio inició una exitosa carrera que le permitiría trabajar en la práctica totalidad de cabeceras de Weisinger, desde Action Comics hasta World´s Finest, pasando por la citada Aventure Comics, Superboy, Jimmy Olsen y la serie central de Superman. Y se convirtió en una pequeña celebridad local, siendo entrevistado por diarios, revistas y cadenas de televisión. ¡Incluso llegó a firmar autógrafos en los que la “S” de su apellido emulaba la “S” del emblema de Superman!

Después de todo lo dicho, seguramente pensaréis que la historia de Jim Shooter podría considerarse el sueño de cualquier aficionado: redactas unos guiones, los envías, te los aceptan y pasas a trabajar profesionalmente para una gran editorial … ¡y encima escribiendo cómics de Superman!

Bueno, sí. Pero en esta historia también hay un lado oscuro, porque la relación que tenía el adolescente Jim con su editor era todo menos idílica. Mort Weisinger es, subrayémoslo de antemano, uno de los editores más importantes de la historia de DC Comics. Sus años como responsable de los títulos del Hombre de Acero coincidieron con la que quizá sea la etapa de mayor esplendor creativo del personaje. Durante el reinado de Weisinger, la mitología de Superman se enriqueció con personajes capitales como Brainiac, Supergirl, Bizarro o la propia Legión de Super-Héroes, amén de conceptos tan imaginativos como la ciudad de Kandor o la Zona Fantasma. Y las ventas alcanzaron cifras millonarias: en el año 1953, la tirada de Superman llegó a superar 1.400.000 ejemplares al mes.

Sin embargo, parece que Weisinger también se caracterizaba por ejercer su autoridad de una manera despótica. Y uno de los autores que sufrió sus abusos fue el propio Jim Shooter, según él mismo ha reconocido en más de una oportunidad.

Cuenta Shooter que Weisinger le llamaba todos los Jueves por la noche, justo después de que concluyera la emisión de la serie televisiva de Batman protagonizada por Adam West, para soltarle toda suerte de improperios: “¡A ver si aprendes a escribir, idiota! ¿Qué es lo que se supone que tiene ese personaje en la mano?¿Es un arma? ¡Pues parece una zanahoria! ¡Los bocetos tienen que quedar claros, retrasado!”

Weisinger solía decirle a Shooter que para él era un caso de caridad, y que el único motivo por el que no le despedía es que su familia necesitaba el dinero.

La cosa llegó a tal punto de psicosis que el impresionable Jim se echaba a temblar descontroladamente cada vez que oía sonar el teléfono. Después de las reprimendas, se quedaba tan bloqueado que pasaban varias horas hasta que podía ponerse a escribir de nuevo.

Y si por lo que fuera se retrasaba con los plazos de entrega fijados, Shooter explica que tenía que desplazarse en tranvía a la única oficina postal de Pittsburg que abría de noche para que las páginas llegasen a la mayor prontitud posible. En alguna ocasión no le quedó más remedio que coger directamente el avión hasta Nueva York, puesto que el correo aéreo no era lo bastante rápido y en aquella época todavía no funcionaban los servicios de mensajería. Una vez en las oficinas de National, dejaba el guión en recepción y salía de allí corriendo por temor a la reacción iracunda de Weisinger.

Años después, Shooter descubrió que su editor presumía de él en los despachos de DC, presentándolo como su gran descubrimiento, el guionista que era capaz de sacar adelante cualquier encargo. Así que en realidad se supone que las broncas eran la extraña manera en la que Weisinger entendía que debía motivar a su pupilo. Estilo Sargento de Hierro, podría decirse.

Todo esto es la versión de Shooter, naturalmente. Mort Weisinger falleció en 1978, así que no podemos conocer su punto de vista sobre el particular. Pero sí es cierto que otros muchos autores que trabajaron con él coinciden en señalar su carácter fuertemente abrasivo.

1832812-ww_korvac_sagaLo cual nos lleva a una reflexión ulterior: cuando Jim Shooter alcanzó la posición de Director Editorial de Marvel, también se le acusó de autoritarismo. Y tuvo problemas con un número nada desdeñable de autores, entre ellos firmas tan reconocidas como Gene Colan, John Byrne, Roy Thomas, Marv Wolfman o Doug Moench. De igual modo, fue muy discutida en su momento la posición de Shooter con respecto a la batalla legal que emprendió Jack Kirby para que Marvel le devolviera sus originales, si bien él defiende que siempre luchó para conseguir que el “Rey” recibiera lo que le correspondía.

Aunque indudablemente sería injusto meter en el mismo saco a Weisinger y a Shooter, quién sabe si podríamos estar ante uno de esos casos de personas que, habiendo sufrido abusos de niños, tienden a reproducirlos cuando son adultos.

O tal vez sólo estoy especulando de más.

Quizá esto último sea lo más difícil de conseguir: valorar con ecuanimidad a un personaje que, como sucede con otros grandes nombres del cómic americano moderno, parece condenado a ser objeto de debate aun después de todos estos años, despertando odios y pasiones… no necesariamente a partes iguales.De cualquier forma, al margen de polémicas, los logros creativos de James Charles Shooter hablan por sí solos.

Star_Brand_Vol_1_1_DirectIncluso sus detractores acérrimos reconocerán que muchas series de Marvel vivieron etapas memorables durante su mandato, desde el Daredevil de Frank Miller hasta el Thor de Walter Simonson, sin olvidar el trabajo estelar de John Byrne en Los 4 Fantásticos, Alpha Flight o Hulk. También con Shooter al mando, disfrutamos de los mejores momentos de Chris Claremont y John Byrne en La Patrulla-X, culminando con ese clásico de clásicos que es “La Muerte de Fénix”. Y en su faceta como guionista, todos recordamos aquella apasionante saga de Korvac que Shooter desarrolló en Los Vengadores o el increíble éxito comercial de las Secret Wars. En opinión del que esto suscribe, también merecería añadirse a la lista Starbrand, su creación para el fallido Nuevo Universo marveliano. Con la colaboración gráfica de John Romita Jr. y Al Williamson, Shooter realizó aquí su obra más personal, adelantándose en muchos aspectos a ese tipo de narrativa cinematográfica que décadas después acabaría poniéndose de moda. No estaría nada mal recuperarla en tomo para que las nuevas generaciones de lectores pudieran valorarla como se merece.

Quizá esto último sea lo más difícil de conseguir: valorar con ecuanimidad a un personaje que, como sucede con otros grandes nombres del cómic americano moderno, parece condenado a ser objeto de debate aun después de todos estos años, despertando odios y pasiones… no necesariamente a partes iguales.

Miguel G. Savedra

 

 

 

 

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